El conocimiento

La omnipresente sabiduría del ser cósmico brilla eternamente como conocimiento
y vacío. Cuando en este ser cósmico surge una vibración, nace el señor Vishnu como
una ola en la superficie del océano agitado por el viento. Del corazón de loto de
Vishnu nace Brahmâ, el creador, que comienza a formar las múltiples variedades de
seres animados e inanimados que pueblan la tierra. El monte Meru es su centro, los
puntos cardinales sus pétalos y la estrellas sus estambres y sus pistilos. Y este
universo comienza a ser el que era antes de la disolución cósmica.
El creador vio a todos los seres vivos del universo sujetos al dolor y al
sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Sintió compasión de ellos e intentó trazar
un camino por el que pudieran superar su aflicción. Con esa intención, estableció los
centros de peregrinación y las nobles virtudes como la caridad, la austeridad y el
comportamiento correcto. Pero todavía fueron insuficientes: todo eso proporcionaba a
la gente una liberación transitoria, pero no les alejaba definitivamente del dolor y de
la muerte.
Reflexionando acerca de ello, el creador Brahmâ me puso entre los seres vivos
para ayudarles a encontrar su camino. Cubierto con una piel de antílope, pasé mucho
tiempo hablando con él como un ganso con una cigüeña. Luego, me estrechó junto
a él y descorrió el velo de la ignorancia de mi corazón. En ese mismo instante,
olvidé mi identidad y mi naturaleza individual como si fuera un demente. Hundido en
aquel estado de confusión, me sentía incapaz de hacer nada y permanecía en la más
apática incertidumbre. Entonces supliqué a mi padre Brahmâ que me mostrara la
salida de aquella miserable condición.
En respuesta a mi petición, mi padre descorrió el velo de la ignorancia que él
mismo había colocado sobre mi corazón, y me dijo:
“Hijo mío, te oculté este conocimiento y ahora te lo descubro para que puedas
experimentar su gloria, porque sólo de ese modo comprenderás la angustia de los
ignorantes y podrás ayudarlos”.
Vine a este mundo dotado de ese conocimiento, Râma, y cumpliré esta misión
hasta el fin de los kalpas.

En cada época, el creador envía varios sabios que me acompañan en la
iluminación espiritual de los hombres (yoga). Y para asegurar los deberes y los derechos de
todos los seres, Brahmâ crea reyes que gobiernan con justicia y sabiduría las diversas
regiones de la tierra. Esos reyes, sin embargo, pronto se corrompen por el poder y la
molicie, entran en guerra unos con otros por conflicto de intereses, y se arrepienten
más tarde de lo que han hecho. Para superar su ignorancia, los sabios suelen
recordarles la enseñanza espiritual. Antiguamente, los reyes aceptaban de buen grado
esta enseñanza que llevaba el nombre de Râjâ Vidyâ o Conocimiento Regio.
El desapego (vairâgya) que ha brotado en tu corazón, Râma, a causa de la
discriminación (vivêka), es muy superior al desapego normal nacido de
circunstancias casuales o de una gran conmoción moral. Tu desapego sólo puede
deberse a la Gracia de Dios, que provoca la madurez de la discriminación en el
mismo momento en que el desapego anida en el corazón.
Mientras esta suprema sabiduría no se manifiesta en el corazón, la persona gira
sin parar en la rueda de nacimientos y muertes (samsâra). Te ruego que escuches la
exposición de esta doctrina con la mente concentrada y atenta.