Janaka

Viswâmitra dijo en ese momento:
Râma, has alcanzado la sabiduría y nada te queda por conocer. Sin embargo tu
conocimiento necesita una confirmación exterior, como el autoconocimiento de
Suka, precisó la confirmación de Janaka para encontrar la paz de la perfecta
sabiduría.

Râma preguntó entonces:
Te ruego que me expliques por qué Suka no encontraba la paz a pesar de su
conocimiento y cómo llegó a conseguirla con la ayuda de Janaka.
Viswâmitra contestó amablemente:
Escucha Râma Voy a contarte la sugestiva historia del sabio Suka, hijo de
Vyâsa, que en este momento está sentado junto a tu propio padre.Igual que tú, Sukadeva había captado la verdad de la existencia después de una
profunda meditación sobre la precariedad del mundo. Pero como se trataba de un
conocimiento autodidacta, aunque había alcanzado un extremo desapego hacia las
cosas del mundo, no podía estar seguro de que ésa fuera la verdad.

Un día, Suka se acercó a su padre y le preguntó:
Señor ¿cómo ha surgido este mundo y cómo llegará a su fin?
Vyâsa le dio una minuciosa explicación del tema, pero Suka pensaba para sus
adentros: “Todo eso ya lo sé, no es nada nuevo para mí”, y no mostraba mayor
interés.

Vyâsa se dió cuenta de ello y dijo a Suka:
Hijo mío, esto es todo lo que sé; sólo el rey Janaka puede enseñarte algo más
sobre este tema. Ve en su busca y preséntale tus respetos.
Suka fue al palacio de Janaka, que se hallaba en la ciudad de Videha, al pie del
monte Meru. Los guardias informaron al rey de la llegada del joven, pero Janaka no
le prestó atención durante una semana y Suka esperó pacientemente en el exterior del
edificio a que el monarca le abriera sus puertas. La semana siguiente Janaka permitió
a Suka entrar en el palacio pero no le recibió sino que le retuvo en unos aposentos
rodeado de músicos y bailarinas por los que Suka mostraba una total indiferencia. A
la tercera semana, Suka fue conducido a la presencia real y Janaka le dijo:
Ya sabes la verdad: ¿qué quieres que te explique yo?
Suka repitió la pregunta que había hecho a su padre y el rey Janaka le expresó la
verdad con algunas frases tan luminosas y elocuentes que libraron a Suka de todas
sus dudas. Finalmente le dijo:
Yo soy discípulo de Vyâsa y tú eres su hijo, pero eres un héroe más grande que
nosotros dos por tu espontáneo desapego hacia los placeres sensibles.
Su autoconocimiento fue confirmado de este modo, y desde aquel momento Suka
alcanzó la paz suprema y permaneció en nirvikalpa samâdhi.
Tú, Râma, igual que Suka, has conseguido el más elevado desapego y el
conocimiento supremo. El síntoma más seguro de un hombre sabio es que no se deja
atraer por los placeres del mundo porque ha disuelto sus tendencias latentes
(vâsanâs[4]). Mientras esas tendencias se mantienen firmes, la esclavitud[5] persiste;
cuando se debilitan, se produce la liberación. El sabio verdaderamente liberado no
está atado a los placeres sensibles, pero esto no lo consigue por adquirir renombre u
otros incentivos similares que serían nuevos vâsanâs.
Por tanto, ruego al sabio Vâsishtha que instruya a Râma y le confirme en su
sabiduría, lo que sin duda será también una gran ayuda para todos nosotros. Esa
enseñanza te proporcionará la suprema sabiduría y será para nosotros la mejor de las
escrituras, puesto que será impartida por un sabio iluminado a un estudiante
cualificado y desapasionado.
Vâsishtha dijo repetuosamente:
Con mucho gusto accederé a tu ruego y trasmitiré a Râma la sabiduría que me
enseñó el divino creador Brahmâ, nacido del loto.

Que importante es el yoga para conocer estas historias.