La naturaleza de Dios

Lo que la gente llama destino o poder divino sólo es el fruto de nuestro propio
esfuerzo. También se habla en general de destino o daivam para explicar el fruto
natural de todos los actos. Segñun el Yoga la gente considera también un acto del destino el hecho de
que el tallo crezca de la semilla. Pero yo creo que ese destino no es más que la
consecuencia inevitable de nuestros actos.
En la mente humana hay innumerables vâsanâs o tendencias latentes que dan
lugar a palabras, pensamientos y acciones, de forma irrevocable. El karma o acción
tiene resultados inevitables y en ese sentido se puede hablar del fatal destino, pero
nuestras acciones siempre están en nuestras manos, y por tanto sus fatales
consecuencias dependen de nosotros mismos. Ése es el curso natural de la acción: la
acción no es otra cosa que el resultado de las tendencias latentes que configuran la
mente humana, pues el hombre no es distinto de su mente. No podemos determinar
claramente si conceptos como mente, tendencias latentes, acción o destino son reales
o irreales, y los hombres sabios sólo las emplean simbólicamente, como figuras del
discurso, es decir, utilizan estas palabras sin contenido substancial alguno.
Râma preguntó en esta ocasión:
Señor, si las tendencias latentes que proceden de pasados nacimientos me obligan
a actuar en el presente, ¿dónde está mi libertad de elegir?
Vâsishtha respondió con dulzura:
Hay dos tipos de tendencias latentes procedentes de vidas pasadas: las puras y las
impuras. Las puras sólo conducen hacia la liberación mientras que las impuras causan
trastornos y problemas sin cuento. Pero tú eres conciencia y no materia inerte, y por
ello eres libre para elegir las tendencias puras y despreciar las impuras. Las
tendencias impuras deben ser abandonadas gradualmente y la mente se alejará de
ellas poco a poco para evitar sus nefastas consecuencias. Estimulando las buenas
tendencias por su repetición constante, conseguimos fortalecerlas, y debilitar a las
impuras al no practicarlas. De este modo quedamos absorbidos por las tendencias
puras y las buenas acciones. Pero cuando hayas superado las tendencias impuras,
debes prescindir también de las puras. Sólo entonces experimentaras la suprema
verdad con la inteligencia que mana de estas últimas.
El orden cósmico que la gente considera el destino (daivam ó niyati), garantiza
que cada causa va inevitablemente seguida de su efecto correspondiente, y todo esto
se fundamenta en la omnisciencia de Brahman. Ahora, con los sentidos controlados
por tu propio esfuerzo y la mente fija en este pensamiento, escucha bien lo que voy a
decirte. Estas narraciones me fueron reveladas por el creador Brahmâ hace mucho
tiempo y tratan de la suprema liberación; si las escuchas con atención en compañía de
los sabios aquí reunidos, podrás realizar el ser supremo que está más allá del dolor y
de la muerte.